En los últimos años, muchas empresas han apostado por formar a sus equipos en habilidades blandas, bienestar o liderazgo. Esto es positivo. Pero también ha abierto la puerta a un problema silencioso: la entrada de pseudociencia en las formaciones corporativas.
Si alguna vez te han dicho que “necesitas reprogramarte”, que eres un color o que solo necesitas pensar en positivo para rendir más, es probable que hayas estado expuesto a una de estas propuestas.
En esta intervención explico cómo detectar pseudociencia en la empresa, por qué funciona tan bien y algunos de sus peligros.
¿Por qué la pseudociencia funciona tan bien en entornos empresariales?
Las pseudociencias tienen algo en común: prometen mucho y piden poco.
Dicen cosas como que puedes:
- Reducir el estrés en tres pasos
- Liderar con solo cambiar tu “mindset”
- Potenciar tu rendimiento con neurociencia o energía cuántica
Todo rápido, sin esfuerzo, sin evaluar tus condiciones reales de trabajo ni el contexto en el que te mueves. Su lenguaje es emocional, motivador y a menudo plagado de tecnicismos que suenan potentes: neuro, cuántico, reprogramación, alta vibración, liderazgo consciente…
Pero lo que no incluyen es lo más importante: evidencia científica que respalde sus afirmaciones.
El efecto Forer: cuando todo suena como si hablara de ti
Uno de los mecanismos más utilizados, aunque de forma implícita, es el llamado efecto Forer.
Se trata de formular descripciones vagas, generales y ambiguas que la mayoría de personas siente como muy personales. Por ejemplo:
“Eres una persona con gran potencial, pero a veces te bloqueas.”
“Tienes una parte analítica, pero también te guías mucho por tus emociones.”
“Sueles ser muy exigente contigo mismo, aunque pocas veces lo muestras.”
Este tipo de frases no informan, pero generan identificación. Y eso hace que muchas personas crean estar ante un diagnóstico certero… cuando en realidad podría aplicarse a cualquiera.
La pseudociencia entra en las empresas porque encaja con el deseo de soluciones rápidas y motivadoras. Pero su impacto real suele ser nulo o incluso negativo.
Si diriges un equipo, trabajas en RRHH o simplemente quieres formarte con sentido, asegúrate de hacerte esta pregunta:
¿Esto tiene respaldo? ¿O solo me están vendiendo humo con buenas palabras?
Recuerda que siempre puedes llamar a algún analista de conducta… y… resulta que yo lo soy! 🙂

